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UN EMPUJÓN PARA VOLAR

Había una vez un águila, que suavemente brincó hasta la orilla del nido. Su corazón palpitaba con emociones encontradas cuando sentía la resistencia a su persistente empujón. “ ¿Por qué el impulso de volar tiene que empezar con el miedo a caer?” pensó.

Esta pregunta eterna, eterna aún, seguía sin respuesta para ella.

Como sucede con esta especie, su nido se ubicaba muy alto, en una peligrosa saliente de una roca.

Abajo, un abismo de doscientos metros mataría a las crías si éstas cayeran. A pesar de sus miedos, el águila sabía que ya era hora de aprender a volar.

Su misión de padre estaba completa. Sólo faltaba una tarea final: el empujón.

El águila sacó valor de su sabiduría innata. Era necesario que sus crías descubrieran que sus alas tenían un propósito para la vida y que hasta que aprendieran a volar podrían entender el privilegio que significaba ser un águila.

El empujón era el regalo más grande que ella podía ofrecerles.

Era un acto supremo de amor.

Y así, empujó a una por una.   ¡Y volaron !                          

                                                                                                                                     

3 comentarios:

Claudia dijo...

Hola Nelita, estupenda entrada, y muy importante en la vida de cada uno.
Cariños para todos.

Gaby dijo...

gracias......!!!!!!!

Franziska dijo...

Así es. Todos necesitamos un empujón cuando tenemos que realizar algo muy importante. Deben ser muy frágiles los aguiluchos cuando sus padres tienen que protegerlos de un modo tan peligroso. Algunos caerán cuando no estén preparados para volar. Los errores se pagan con la vida.

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